Cómo recuperarse de conversaciones desalentadoras sobre el evangelio

by Sep 8, 2025Evangelismo

Dos de mis primeros intentos de compartir el evangelio en el trabajo, hace décadas, podrían titularse “La historia de dos conversaciones”.

La primera conversación no pudo haber salido mejor. La conversación fluyó, la transición hacia el evangelio fue sencilla, las ilustraciones conectaron, y mi compañero de trabajo confió en Cristo. ¡Estaba convencido de que todo mi lugar de trabajo se iba a convertir!

A la mañana siguiente, compartí con otro compañero. Esa experiencia no pudo haber salido peor. La conversación fue incómoda; él parecía aburrido y distraído, y finalmente dijo: “Esto suena ridículo. Tengo que irme”.

¡Me sentí devastado! Mi desánimo fue tan grande que dejé de compartir el evangelio por un tiempo.

Ojalá hubiera sabido entonces lo que sé ahora. Las cosas que he aprendido desde ese día me habrían ayudado a seguir adelante en el evangelismo, independientemente de la respuesta de la otra persona.

Quizá te encuentres en una situación similar. Tal vez la persona fue indiferente a la conversación, se ofendió o incluso discutió o se burló. Y el dolor de esa experiencia te está impidiendo compartir nuevamente.

Aquí hay cuatro maneras de seguir compartiendo, incluso después de una conversación difícil:

1. Convierte cada oportunidad en una experiencia de aprendizaje

“Escuche el sabio, y aumentará su saber; y el entendido adquirirá consejo.” (Proverbios 1:5, RVA-2015)

Dios no desperdicia nuestras experiencias, ni siquiera las más difíciles. Después de cada conversación sobre el evangelio, tomo un tiempo con el Señor para reflexionar y preguntar: ¿Qué puedo aprender de esto? A veces también lo converso con un hermano en la fe que comparte activamente el evangelio.

Algunas de mis lecciones más valiosas han surgido de encuentros desafiantes: lecciones sobre la providencia de Dios, maneras de responder preguntas complejas y evidencias personales acerca de mi orgullo y otros motivos egoístas en el encuentro.

2. Evalúa tus pensamientos y sentimientos

“Amados, no crean a todo espíritu, sino prueben los espíritus para ver si son de Dios…” (1 Juan 4:1, RVA-2015)

Después de una conversación difícil acerca de Cristo, es normal sentir frustración, insuficiencia o arrepentimiento. Pero no todo pensamiento o emoción proviene del Señor; algunos pueden venir de nuestra carne o incluso del enemigo. Por eso es vital llevarlos a Dios, pidiéndole que nos ayude a distinguir la verdad de la mentira.

Una pregunta clave: ¿Este pensamiento me anima a seguir compartiendo el evangelio o a detenerme? Si me impulsa a rendirme, no proviene de Dios. El objetivo del enemigo es silenciarnos; el Espíritu de Dios nos fortalece para seguir adelante.

3. Recuerda que las personas responden de manera diferente

“Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros dijeron: ‘Ya te oiremos acerca de esto otra vez’. Y así Pablo salió de en medio de ellos. Mas algunos creyeron y se unieron a él.” (Hechos 17:32-34, RVA-2015)

En Atenas, Pablo predicó un mismo mensaje, pero la multitud tuvo tres reacciones distintas: algunos se burlaron, otros mostraron curiosidad y otros creyeron. Esta es la “Parábola del Sembrador” en acción: un Sembrador, una semilla, pero corazones en diferentes condiciones.

La clave aquí es darnos cuenta de que encontraremos personas en distintos estados de preparación espiritual. Una respuesta negativa de un “suelo duro” no significa que la siguiente persona no sea “buena tierra”.

4. Ten en cuenta que un “no” hoy puede convertirse en un “sí” después

“Entonces lo sacaron de la ciudad y lo apedrearon. Y los testigos pusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo.” (Hechos 7:58, RVA-2015)

“E inmediatamente predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que Jesús es el Hijo de Dios. Y todos los que lo oían estaban atónitos y decían: ‘¿No es este el que en Jerusalén perseguía a los que invocaban este nombre?’” (Hechos 9:20-21, RVA-2015)

Saulo de Tarso escuchó el mensaje de Esteban y presenció cómo lo apedreaban. Años después, ese mismo Saulo se convirtió en Pablo, uno de los más grandes evangelistas de la historia.

El hecho de que alguien rechace tu mensaje hoy no significa que lo será así siempre. Puede que nunca sepas cómo usará el Señor la semilla que sembraste. Dios puede traer tus palabras a la mente de esa persona esa misma noche, la próxima semana o incluso el próximo año. El evangelio es poder de Dios para salvación (Romanos 1:16), y Su tiempo es perfecto.

Conclusión

No permitas que una experiencia negativa con una persona te impida compartir con otra. Evalúa la experiencia, aprende de ella y deja los resultados en manos de Dios, quien es “poderoso para hacer mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20, RVA-2015).

Si el rechazo te ha detenido de compartir, no estás solo. Explora nuestro artículo “¿Confrontar el Miedo al Rechazo, te identificas?” para recibir ánimo bíblico y pasos prácticos para seguir adelante con confianza.

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