La mentalidad que nos impide compartir el evangelio

by Oct 21, 2021El Evangelio

Uno de los hallazgos más interesantes que he descubierto en las Escrituras es lo que la Biblia dice acerca de la mente. Es fascinante y puede ser envuelto en una frase – Lo que piensas en tu mente es lo que produces en tu vida. Como alguien dijo una vez, “No eres lo que crees que eres. En cambio, lo que piensas – eso eres.”

En ninguna parte es eso más cierto que cuando viene a nuestra mente lo que se refiere a la evangelización. Nuestra mentalidad puede impulsarnos a llegar a los demás de muchas maneras creativas, pero también puede producir bloqueos mentales que nos retienen.

¿Cómo puedes saber si tu mentalidad te impide compartir el Evangelio? Pienso que hay cuatro indicadores clave.

Aplazamiento.

Nuestra mente a menudo nos dice que algo que debemos hacer hoy siempre se puede hacer mañana. Llevamos esta mentalidad al evangelismo al posponer hablar con un no cristiano en particular hasta otro día, otra semana, otro mes y, a veces, incluso otro año.

El hecho es que se puede hacer mañana. Pero tal vez el momento de hacerlo es ahora, especialmente a la luz de la brevedad de la vida. Como Cristo dijo acerca de una persona que sentía que tenía años para disfrutar de sus posesiones, “Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta noche tu alma será requerida de ti; entonces, ¿de quién serán esas cosas que has provisto?” (Lucas 12:20)

No sabemos cuántos días más tiene el no-creyente con el que queremos hablar. Pero tampoco sabemos cuánto tiempo tenemos nosotros. Me quedé en una casa de una pareja mientras hablaba en su iglesia para un fin de semana de entrenamiento de evangelización. El esposo se entusiasmó tanto con el entrenamiento de EvanTell que le pidió al Señor que lo usara para guiar a alguien a Cristo. Cinco días más tarde hizo precisamente eso: llevó a un amigo golfista a Jesús.

Al día siguiente, el hombre, el anfitrión de la casa, murió de un ataque cardíaco masivo.

No se dio cuenta de que, si quería guiar a alguien a Cristo, sólo tenía seis días. No sabemos cuánto tiempo tiene un no-creyente, ni sabemos cuánto tiempo tenemos nosotros. No te rindas al bloqueo mental del aplazamiento.

Suponiendo que no estarían interesados.

Lo que piensas en tu mente es lo que produces en tu vida. Por lo tanto, nos convencemos de que sería una pérdida de tiempo incluso hablar con alguien que sentimos que no está interesado en el Evangelio. El bloqueo mental puede deberse a algo que dijeron en el pasado o algo que están haciendo en el presente, por lo que los consideramos no interesados.  Pero ¿cómo lo sabremos si no abordamos el tema de las cosas espirituales con ellos? Además, incluso si no están preparados para venir al Salvador, el solo hecho de que nos acerquemos a ellos y conocer su necesidad podría hacer que comiencen a pensar en la dirección correcta. ¿Por qué no alimentar nuestras mentes con la verdad contenida en Juan 4:37, “El siembra y otra cosecha.”

Distracciones.

El difunto Dr. Dwight Pentecost dijo una vez: “No es donde la mente valla, es donde habita”. Siempre tendremos que lidiar con cosas que nos distraigan de compartir el Evangelio, pero el problema surge cuando permitimos que nuestras mentes se detengan en esas cosas. Lo que piensas en tu mente es lo que produces en tu vida. Así que nos tomamos el tiempo para arreglar algo alrededor de la casa que sólo nos distrajo en lugar de caminar a través de nuestro patio para comenzar una amistad con un vecino que está sentado en su silla en el césped. Revisamos los correos electrónicos en nuestros teléfonos celulares en lugar de usar el mismo teléfono para llamar a un amigo no creyente que acaba de recibir un diagnóstico de salud desagradable. Planeamos invitar a un incrédulo a almorzar con nosotros, pero nos distrajimos con un artículo que podíamos recoger en la ferretería durante la hora del mediodía que está actualmente a la venta. No hay absolutamente ningún límite en las cosas que podemos permitir que nos distraigan que se convierten en bloqueos mentales en nuestro alcance.

Convencerse de que “no soy bueno para compartir el Evangelio”.

Lo que piensas en tu mente es lo que produces en tu vida. Entonces, al no ser buenos en eso, no lo hacemos. En primer lugar, mejoramos a través de la experiencia y la formación, ¡las cuales están disponibles hoy en día! En segundo lugar, Dios honra la obediencia y nos enseña sobre la marcha. ¿Por qué no pensar en cambio, “No puedo esperar a ver cómo Dios me va a enseñar al compartir mi fe con los demás?”

Son solo cuatro indicadores, pero hay más. Tómate el tiempo ahora para pensar a través de ellos y dirígete a cada uno directamente. Comprométete a apartar estos bloqueos mentales en lugar de dejar que hagan a un lado tu testimonio.

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